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CUIDADO FACIAL EN TIEMPOS DE COVID-19

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Quién me iba a decir que el 14 de marzo iba a dividir  mi vida en un antes y un después de la pandemia, con lo que a mi me gusta prever, planificar y anticiparme a todo.

Yo que soy de inmortalizar los momentos importantes, por supuesto sacarles fotos, y guardar pruebas físicas que atestigüen esa vivencia; me encontré de sopetón con el confinamiento y me di cuenta, una vez más, de que la vida no siempre avisa, es más, afirmaría que los acontecimientos más traumáticos suelen pillarte de estar por casa, sin darte la oportunidad de coger  ni una piedrecita de recuerdo, y aun así se mantienen vivos en tu recuerdo a base de anclajes que se activan cuando menos te lo esperas.

 

 

No estoy segura de si aprenderemos algo de todo esto, lo que sí he podido comprobar es que hemos prestado más atención a ciertos aspectos para los que antes no teníamos tiempo y que por los visto nos apetecían, como los amigos, los hijos, el yoga, la cocina, los cursos de lo que sea, nuestra piel…

Yo personalmente no considero que hayamos tenido más tiempo, ya que también han habido otras cosas que nos han ocupado ese tiempo “inicialmente libre”, como los chistes compartidos en los chats, las noticias que se suceden a velocidad relámpago sobre esta situación incierta o los deberes del cole. En total no es que hayamos tenido mucho más tiempo, pero sí que con ese poco tiempo de regalo  nos hemos detenido más en ciertos temas.

 

 

Si tu eres de las que te has mirado al espejo preocupada por el estado de tu piel, has buscado información o probado productos a diestro y siniestro, antes de que empieces a criticar tu genética, malos hábitos o suerte,  te voy a enumerar varios aspectos que están provocando que sientas, incluso veas,  tu piel diferente. Porque ante una disfunción, problema, anomalía o como quieras llamarlo, a menudo no hay una única causa y esto es lo que lo complica, ya que tendremos que reparar la situación apagando diferentes fuegos.

 

Inmersos ya en esta “nueva normalidad” y finalizando un atípico verano, es posible que ya haya mejorado mucho el aspecto de tu piel con respecto a como te la veias y sentias durante marzo o abril, pero por si aún vives parcialmente confinada o no ves mejoría aquí te dejo algunos puntos por si alguno pudiera resultarte útil.

 

 

 

1-    El tipo de alimentación: Seguro que no estas comiendo igual que antes, tal vez algún bizcocho, aperitivos, alcohol… los momentos relajados, más tiempo en familia o la preocupación, incitan a comer más y de forma “caprichosa”. Igual sucede con las vacaciones. La alimentación se refleja en la piel, y más cuando el cambio en tu rutina alimenticia es brusco.

 

2-    La naturaleza: no estar expuesta a las inclemencias del tiempo puede parecer positivo para tu piel  pero es antinatural. Lo natural es el aire, el calor, el frío, el sol… Para que haya una correcta renovación, regeneración y equilibrio.

 

La falta y el exceso son contraproducentes yo diría que por igual, ya que las largas jornadas de sol producen deshidratación y engrosamiento de la piel, además de radicales libres. Es decir, el exceso de sol perjudica casi tanto como el no verlo ni en pintura, aunque sí que es cierto que nos brinda  un mejor aspecto.

 

3-    El roce de mascarillas  que impiden la correcta transpiración y erosionan la piel con la consiguiente respuesta de regeneración de tu piel para reparar el daño.

El proceso es: la fricción produce erosión, la piel para protegerse responde regenerándose más deprisa, lo que se traduce en diferencias en el tono de la piel o manchas.

 

4-    El lavado excesivo: te duchas y/o limpias tu rostro con más frecuencia, por el virus o el calor, utilizando incluso con  jabón. Esto deshidrata la piel dejándola tirante y sin brillo.

 

5-    El cabello: si no sales de casa tal vez te lavas el pelo con menos frecuencia y eso engrasa más tu rostro, o simplemente la suciedad que acumula día tras día. Sobre todo si el cabello roza tu cara.

 

6-    Contacto con productos desinfectantes, ya sea voluntariamente u obligado al entrar a un comercio. Lo aplicas en tus manos y acaba en tu cara porque inevitablemente acabamos tocándonos.

 

7-    Tu estado anímico: aunque sea puntual y no sea la norma: nervios, ansiedad, tristeza… ¿Quién no ha tenido más momentos de estos de los habituales estos días? Preocupación o incertidumbre por el trabajo, la vuelta al cole o el cobro pendiente del ERTE. Vivimos en un “estado de alerta” constante que satura  ciertas funciones del organismo, por lo que la nutrición o regeneración de la  piel no es prioritario para nuestro cuerpo.

 

8-    Probar productos nuevos y varios a la vez por cuenta propia.  Cuidado porque igual estas saturando tu piel, o no son adecuados a tu tipo de piel o disfunción actual. Si además son todos productos nuevos y no estan funcionando, no sabrás cuál es exactamente.

 

9-    Aplicar más productos que antes: me refiero a realizar más pasos, si antes usabas solo crema de noche, ahora limpias tu piel mañana y noche y además aplicas un serum antes de esa crema . Has ampliado tu rutina facial, lo cual está muy bien, con su consiguiente masaje. Pero ten en cuenta que solamente el masaje, aunque no aplicaras producto, produce una activación de las glándulas de tu piel, lo que puede hacer que se produzca acné.

 

10-Tomar consciencia: al mirar con atención, has observado detalles en los que antes no habías reparado. Quizás antes también te pasaba y ahora estas tomando conciencia, no es que tu piel se haya vuelto loca de repente. No te alarmes, lo importante es que hayas reparado en ello, es un primer paso.

 

11-Maquillarte menos o  nada: los maquillajes llevan activos tratantes: hidratantes, antiedad, incluso seboreguladores. Si antes aplicabas una base de maquillaje hidratante y ahora no lo haces, y encima no has substituido este gesto por una crema hidratante, es normal que de repente te falte hidratación.

 

12-Y al revés, si tu piel se ha acostumbrado a respirar sin maquillaje y de repente, al salir de nuevo la estas cubriendo, y la base es demasiado oclusiva, puedes estar asfixiando tu piel.

 

13-No limpiar tu piel cuando no sales a la calle: Como no sales en todo el día, o sales menos, y tampoco te  maquillas, crees que no tienes la piel sucia, por tanto consideras que no es necesario limpiarla. Pero esto no es así,  sí que hay suciedad de haberte llevado las manos a la cara, además de  grasa y sudor.

 

14-Pasar más tiempo viendo la tele o el móvil, escribiendo o jugando, y tocar distraídamente cara y cabello, o cabello y cara. Así traspasas la suciedad del uno a otro.

 

15-Exposiciones diarias al sol sin protección intentando compensar los fines de semana perdidos.

O con protección no adecuada a tu tipo de piel o que lleva bastantes meses abierta.

 

16-No hacer ejercicio o de repente hacer demasiado y no limpiar la piel adecuadamente antes  y después.

 

7-El equilibrio del manto hidrolipídico, esa crema natural que recubre nuestra piel mezcla de sudor y sebo,  no es el mismo. Al no salir no sudas igual, por los motivos anteriores igual también se ha visto modificada la secreción de grasa natural o le estas aplicando más mediante cremas, por tanto existe un desequilibrio que va  a derivar en una deshidratación, ya que por exceso o defecto la emulsión agua/grasa no se realiza correctamente y se produce la evaporación del agua.

 

 

18-Según la biodescodificación o bioneuroemoción, si existe una alteración en la piel, concretamente en la epidermis, la capa más superficial,  está relacionada  con separación, tanto por exceso como por defecto. La necesidad de tocar o ser tocado de forma real o simbólica. ¿Quién no se está viendo separado de su familia en estos días?

 

 

19-Los cambios de horarios de sueño y comidas, alteran todo el ritmo del cuerpo, alterando todas sus funciones.

 

20-El agua: piensa si estas ingiriendo menos cantidad de agua, es posible que antes tuvieras la rutina de llevar una botella de agua al trabajo, o al gimnasio. Quizás antes bebias 3 litros de agua como rutina y ahora al cambiar tus habitos estas descuidando esta parte. De ser así, esto estaría incidiendo en la hidratación de tu piel.

 

 

Y llegados a este punto igual estás pensando que de que te sirve tener identificado el origen si lo que quieres es la solución. Un producto milagroso o una rutina de cuidados que cambien esa sequedad, aspereza, erupción…

Déjame hacerte simplemente 4  sugerencias, sencillas, muy básicas, prueba sólo esto y luego me cuentas:

1-    Revisa todos los factores que te he comentado anteriormente y modifica los que estén en tu mano, los que no lo estén tan solo acéptalos. Es una situación excepcional y pasará, esperemos que pronto, y podrás recuperar tu rutina.

 

2-    Limpia tu piel mañana y noche, aunque no te maquilles ni salgas a la calle, con un producto adecuado a tu piel.

 

Para ponértelo muy fácil:

-        Si tu piel es con tendencia a grasa usa un gel o una mouse

-        Si tiene tendencia mixta un gel, mouse o bifásico ligero.

-        Si  tu piel es seca usa un limpiador graso tipo leche.

 

Ojo porque si el producto no es el adecuado a tu piel la vas a engrasar y/o deshidratar, y esto ya es un mal comiendo en el protocolo de cuidado de tu piel.

Estoy segura que tienes claro cuál es tu tipo de piel y que textura de limpiador te resulta más cómoda, pero por si tienes alguna duda, en otro episodio te explicaré los tipos de pieles y otros aspectos básicos para sentar las bases del cuidado de la piel.

Si te has maquillado será necesario primero usar un desmaquillante, alguna crema o aceite para eliminarlo y posteriormente realizar este paso de limpieza.

 

Fíjate que no estoy nombrando ningún tónico. No lo hago porque no lo considero un producto imprescindible. Es fantástico usar lociones hidratantes, calmantes, tónicas, antiedad, reafirmantes…. Pero sólo si tienes un hábito ya en el cuidado de tu piel, sino es un paso que puede generar pereza y hacer que termines abandonando esta rutina. Además de que si no es adecuado al estado actual de tu piel, puede provocarte más daño que beneficio.

 

 

3-    En tercer lugar hazte un peeling 1 ó 2 veces por semana también adecuado a tu piel, que lo notes cómodo vaya, que no te moleste.

 

 

Peelings hay de muchos tipos: scrub o con partículas, enzimático, alfahidroxiacidos, que no son un peeling pero también eliminan células muertas…

Porque es importante un peeling? Porque hay que ayudar un poco a las células de tu piel a desprenderse cuando deberían desprenderse y es que a veces les cuesta, sobre todo si las saturamos de producto. En mi opinión como esteticista, la exfoliación es un paso imprescindible en el cuidado de la piel.  Va a influir en el tono y en la penetración de los activos de las cremas o serums que usas.

 

 

4-    Y en cuarto lugar, aplica una crema, serum, emulsión ligera o  aceite. Un producto que ya conozcas, que hayas probado y que sientas cómodo, que no te engrase ni sientas tu piel tirante a las pocas horas. Da igual si es una simple hidratante, por lo menos equilibrará y nutrirá tu manto hidrolipídico protegiendo así a tu piel. Vigila que no tenga ingredientes poco recomendables para la exposición solar, ya que quizás la crema que tienes actualmente en uso es la que usabas en invierno para manchas por ejemplo y no son compatibles con el sol.

 

 

5-    Aplica los productos de forma escalonada. Uno a uno, hasta que estes segura de que va bien para tu piel. Sino no sabrás cual no está funcionando.

 

 

Incorpora primero la rutina de limpieza y exfoliación de forma constante  y luego podrás empezar a probar cremas y serums.

 

Vivimos en continuo cambio, unos más sutiles y rutinarios, otros más impactantes y ocasionales, el secreto para sobrevivir a ellos y salir lo mejor parado posible, es la flexibilidad y adaptación. Ser capaces de cambiar nuestros hábitos, sin apego, las veces que sean necesarias.

 

 

Tengo mucha curiosidad por saber qué cambios has percibido en tu piel estos meses y qué nueva rutina has implementado. Puedes contármelo en los comentarios, seguro que nos sirven a todas.

 

 

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